miércoles, 11 de marzo de 2009

PARÁBOLA SOBRE EL DESPERTAR DE KWAN YIN

Supongamos que estamos subiendo una gran montaña en cuya cima vive un gran personaje al que deseamos conocer. Seguimos un tortuoso sendero lleno de piedras, baches, animales ponzoñosos, y que para mayor desgracia, si nos equivocamos en la elección en cualquier cruce acabamos cayendo sin posibilidad de rectificar y perdiendo buena parte del esfuerzo realizado. Otros viajeros nos tratan de ayudar con mayor o menor fortuna, ya que no todos están capacitados para hacerlo. De repente a un lado del camino un aroma grato y el eco de una música dulce atrae nuestra atención. Vemos una pequeña puerta entreabierta desde la que sin duda salen tanto el olor como el sonido gratos. Nos acercamos y asomando la cabeza, descubrimos un hermosísimo salon en el que retozan gentes de toda edad y condición. Uno de ellos se nos acerca y nos dice: "Hola, quieres pasar?". Cuando le preguntamos que es todo aquello dice: "Ah, pues esto es parte del palacio que se vé en la cima. De hecho toda la montaña está rellena de salones y salones del gran palacio. De vez en cuando yo también salgo a caminar por las veredas de la montaña, pero desde que descubrí el secreto del interior de la montaña, supe que ya no tenía sentido seguir tratando de escalarla pudiendo subir hasta la cima del palació por las cómodas instalaciones del interior, además el propietario de todo está encantado de que nos evitemos el penoso trepar". Entonces deberíamos preguntarle porqué no se informaba a toda esa muchedumbre tratando de subir de que no era necesario hacerlo así. "Oh, el trata de hacerlo, desde luego....pero no le hacen caso".

Kwan Yin, nos enseña que aunque se puede subir la montaña por fuera, ella en su misericordia, nos quiere abrir una puerta de compasión, de amor y de paz. Bendita sea Kwan Yin.

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