lunes, 22 de febrero de 2016

ERES tu propia LUZ

Sé  que  tengo  mi   propia  linterna  que  alumbra  mi   camino  y  también  que  estuvo apagada  durante  un  tiempo.  Me  sentía  perdido,  sin  luz  y  sin  fuerzas.  Y   apareciste a  mi   lado,  siempre  estuviste  ahí ,  y  esta  vez  vi   tu  luz  más  que  nunca  por que  mi camino estaba oscuro, ya no importa por qué.

Agradezco  de  corazón  que  te  acercaras  a  mí   porque  tu  luz  me  alumbró  casi   sin que  te  dieras  cuenta;  tú  seguías  iluminando.  Pude  distinguir  mi   propio  camino  y usar  tu  luz  para  encontrar  mi   propia  linterna  que,  sin  darme  cuenta,  se  había apagado. Cuando encendí  mi  linterna, brillábamos aún más.

Comúnmente  se  ha  entregado  el   poder  de  alumbrar  sólo  a  los  seres  que  llamamos
«iluminados», es decir, los gurús, maestros, et c. La  confusión   principal   es  creer  que  para  estar  iluminado  hay   que  ser  especial .  En realidad, todos  somos  especiales,  todos  llevamos  nuestra  linterna.  Sí ,  tú  también .  Sino la encuentras, acércate a alguien  que te alumbre para encontrarla.

Tal  vez  otro día sea la misma persona la que necesite tu  luz .

Extracto del libro ¿Y tú que crees? - Eva Sandoval.

martes, 29 de diciembre de 2015

Ritual Navajo para Impedir el Culto a las Heridas

Escuché una vez a Caroline Myss, autor  de "Por qué la gente no se cura y cómo  podría conseguirlo", describir el ritual que los indios navajos utilizan para impedir que el culto a las heridas se convierta en adicción:

Los navajos reconocían la necesidad que tiene la gente de hablar de sus heridas y de que el grupo sea testigo de ello. Consideraban, por otro lado, que nombrar las heridas les infundía poder, especialmente cuando esto no se hacía en exceso. Así que, cuando una persona quería compartir un agravio o una pesadumbre, la tribu se reunía y la persona tenía permiso para exponerla en el círculo. Podía ventilar su pena en tres ocasiones y todos escuchaban con empatía y compasión, pero a la cuarta ocasión, cuando la misma persona entraba en el círculo, todo el mundo se volvía de espaldas diciendo: «¡Basta! Te hemos escuchado expresar tu asunto tres veces. Lo hemos acogido. Ahora suéltalo. No queremos oírlo otra vez».

Aquello servía de poderoso ritual de apoyo para soltar el dolor pasado. ¿Te imaginas si apoyásemos a nuestros amigos de la misma manera? ¿Qué pasaría si después de escucharles quejarse de sus heridas y expresar su victimismo tres veces dijésemos: «Ya te he oído hablar de esto lo suficiente. Es hora de que lo sueltes. No daré a tus heridas poder sobre ti por más tiempo dejándote hablarme de ellas. Te quiero demasiado para permitirlo».

Estoy seguro de que si hiciéramos  esto la mayoría de nuestros amigos nos tacharían de traidores. Lo más probable es que no considerasen nuestro comportamiento como un acto de apoyo....

Extraído del libro: "El Perdón Radical" de Colin Tipping

martes, 27 de octubre de 2015

Sacando espinas....

Uno de mis maestros decía siempre:
"Yo soy un extractor de espinas y todo mi trabajo se parece a  la siguiente descripción:

Tienes una espina en tu pie, yo traigo una aguja (que se parece indudablemente a otra espina) para sacar la espina que hiere tu pie. Eso es todo.

Pero ambos debemos permanecer alerta. La primera y la segunda espina son parecidas, no existe diferencia cualitativa. Cuando la primera espina esté fuera, ayudada por la segunda hay que tirar las dos.

Cuando algo que digo o hago saca una de tus dudas, no debes poner mis respuestas en el lugar que han dejado vacío tus preguntas. Cuando te olvides de lo que ha sido respondido, olvídate también de la respuesta. De lo contrario te creará problemas....

No te enamores de las palabras, ni dependas de las ideas; son sólo herramientas, espinas que pueden usarse para extraer otras espinas antes de deshacerse de ambas...."


Jorge Bucay, extracto de Shimriti

martes, 20 de octubre de 2015

Buda Regresa al palacio de su padre - Relato de Rabindranath Tagore

Durante 12 años, Buda vagó por los bosques haciendo diferentes prácticas espirituales y meditando. Y al final llegó el día del regocijo supremo y, sentado debajo de un árbol, se iluminó.

Lo primero que recordó fue que tenía que volver al palacio para comunicar la buena noticia a la mujer que lo había amado, al hijo que había dejado atrás y al anciano padre que cada día esperaba que volviera. Éstas son cosas tan humanas que se llevan en el corazón, incluso en el de un Buda.

Después de 12 años, Buda regresó. Su padre estaba enojado, como cualquier padre lo estaría. No pudo ver quién era Buda ni pudo ver aquello en lo que Buda se había convertido. No pudo ver su espíritu, que era tan patente y claro. El mundo entro se daba cuenta, pero su padre no podía verlo. Su padre lo recordaba con su identidad de príncipe, pero esa identidad ya no estaba ahí. Buda había renunciado a ella.

De hecho, Buda dejó el palacio precisamente para conocerse a sí mismo tal y como era. No quería distraerse con lo que los otros esperaban de él.

Pero su padre lo miraba ahora a la cara con los ojos de doce años. Le dijo:
- Soy tu padre, y aunque me hayas hecho mucho daño, aunque me hayas herido profundamente, te quiero. Soy un anciano y estos doce años han sido una tortura. Tú eres mi único hijo, y he intentado seguir vivo hasta que regresaras. Ahora estás aquí. ¡Toma, hazte cargo del palacio, sé el rey! Aunque a ti no te interese, déjame descansar. Ya es hora de que yo descanse. Has cometido un pecado contra mi, casi me has asesinado, pero te perdono y te abro las puertas.

Buda se rió y dijo: - Padre, date cuenta de con quien estás hablando. El hombre que dejó el palacio ya no está aquí. Murió hace mucho tiempo. Yo soy otra persona. ¡Mírame!

Y su padre se enojó todavía más: - ¿Quieres engañarme? - dijo- ¿Crees que no te conozco? ¡Te conozco mejor de lo que nadie te pueda conocer! Soy tu padre, te he traído al mundo; en tu sangre circula mi sangre, ¿cómo no voy a conocerte?

Buda respondió:- aun así, padre. Por favor, comprende. he estado en tu cuerpo, pero eso no significa que me conozcas. De hecho, hace doce años ni siquiera yo sabía quién era. ¡Ahora lo sé! Mírame a los ojos. Por favor, olvida el pasado y sitúate aquí y ahora.

El padre, aún así, dijo: - Te he esperado durante todos estos años y hoy me dices que no eres el que fuiste, que no eres mi hijo, que te has iluminado... Respóndeme entonces tan sólo a una última cosa: sea lo que sea lo que hayas aprendido, ¿no hubiera sido posible aprenderlo aquí, en palacio, a mi lado, entre tu gente? ¿Sólo se encuentra la verdad en el bosque y lejos de nosotros?

Buda dijo: - La verdad está tanto aquí como allí. Pero hubiera sido muy difícil para mi conocerla aquí, porque me encontraba perdido en la identidad de príncipe, de hijo, de marido, de padre, de ejemplo. No fue el palacio lo que abandoné, ni a ti, ni a los demás, sólo me alejé del a prisión que era para mi , mi propia identidad.

Relato de Rabindranath Tagore